¿Ama de casa, yo? Parte 3

Para leer la primera parte de esta serie, haz click aquí; y para leer la segunda parte, aquí.

Tenía siete meses de embarazo cuando, inesperadamente, varios de mis compañeros y yo (además de mi jefa) fuimos llamados a una junta a la sala de conferencias. ¡Nos habíamos quedado sin trabajo! La empresa se encontraba en problemas financieros y los directivos decidieron hacer recorte de personal. Recuerdo el desconcierto y miedo que sentí…yo no estaba en condiciones de buscar un nuevo empleo, así que me angustié mucho. Ya después, cuando me pude calmar un poco, me di cuenta que no tenía sentido que me preocupara, ya que lo importante era mi salud y la de mi bebé. Lo mejor era disponerme a disfrutar las últimas semanas de mi embarazo en casa, tranquila, y sin estrés. Y así lo hice 🙂

Nuestro plan era que comenzara a buscar un nuevo empleo cuando nuestra bebé cumpliera seis meses. Sin embargo, cuando Bombitas nació, este plan se esfumó.

Desafortunadamente, Bombitas sufrió de cólico y reflujo, y como consecuencia de esto no dormía nada bien. Desde que tenía aproximadamente dos meses y medio lloraba cuando alguien que no fuera yo la cargaba, y comenzó a rechazar el biberón así que yo era su única fuente de nutrición (lo cual en el fondo me satisfacía). A Hubby y a mí nos resultaba simplemente inconcebible que yo regresara a trabajar y alguien más la cuidara, fuese quien fuese. Además, nos dimos cuenta que estábamos saliendo adelante sin mi sueldo, aunque obviamente no disponíamos de dinero extra para lujos o ciertos “caprichos” a los que estábamos acostumbrados.

El tiempo fue pasando y el tema de buscar trabajo no se volvió tocar sino hasta mucho después. Para entonces, Hubby y yo llegamos al acuerdo de yo regresaría a trabajar cuando nuestros hijos (en plural) entraran al colegio.

Se me acabaron las excusas, tuve que aceptar que me había convertido, para mi sorpresa, en ama de casa. ¡Qué vueltas da la vida! Nunca lo vi venir. Por ahí dicen que “hagas lo que hagas, hazlo bien”, así que tengo que asumir este nuevo papel y tengo que aprender a cocinar, hacer las compras y todas esas otras misteriosas actividades que ignoré por tantos años.

A ver si no resulto como Silvia Pinal en “El Inocente”, cuando está tratando de hervir agua para hacer café:

“¡Es que es dificilísimo!” 😀

¿Ama de casa, yo? Parte 2

Para leer la primera parte de esta serie, da click aquí.

Cuando éramos recién casados, mi esposo y yo nos concentramos en nuestras carreras y en pasarla bien juntos, así que el comprar la despensa, cocinar y otras labores domésticas estaban en el último nivel de nuestra lista de prioridades. Los sábados por la mañana hacíamos limpieza general de una manera apresurada, ya que lo que queríamos era terminar lo antes posible y poder salir a pasear.

De esta manera, nuestras habilidades en la cocina y como administradores de nuestro hogar permanecieron rudimentarias. Nuestra dieta no era la mejor y el comprar tanta comida preparada resultaba caro.

Pocos años después, yo me encontraba deseando hacer un cambio en mi carrera y estaba explorando diferentes áreas en las que pudiera incursionar. Me encontraba dispuesta a renunciar a mi puesto (donde tenia ya cuatro años), y estaba en el proceso de actualizar mi curriculum vitae. Entonces, sucedió.

Una mañana de Febrero, recibimos la inesperada noticia de que pronto seríamos padres. Un bebé no se encontraba en nuestros planes inmediatos, pero obviamente nos llenamos de júbilo ante el prospecto de iniciar nuestra familia. Sin embargo, ciertas preocupaciones me invadieron desde el primer instante. Siendo yo una mujer trabajadora, ¿Quien cuidaría a mi bebé? ¿Cuanto nos costaría? ¿Como sería esa vida ajetreada de llevarlo y recogerlo de la guardería al salir de mi trabajo? ¿Que le daría de comer? :O

Además, me di cuenta de que no podía renunciar a mi empleo y hacer ese cambio de carrera que deseaba, ya que contaba con excelentes prestaciones, incluyendo un inmejorable seguro médico, por el cual no tenía yo que pagar absolutamente nada. Mi empleo, mis jefes y la empresa en general eran flexibles, donde se apoyaba a la madre trabajadora y donde no había mucho problema si por algún motivo familiar se pedían permisos o licencias.

Sin embargo, nunca imaginé la segunda gran sorpresa que recibiríamos ese año. Ese acontecimiento es la causa por la que hoy me encuentro como ama de casa, agradecida de poder pasar este tiempo con mis hijas. ¿De qué se trata, preguntas? ¡Entérate en la tercera parte de esta serie!

Image: Danilo Rizzuti

¿Ama de casa, yo? Parte 1

Recuerdo que desde que era niña, siempre desee trabajar y llegar a ser una gran ejecutiva en una importante empresa (en serio, ¿que niña suena con eso?). Para cuando llegue a la adolescencia, era una  feroz feminista. Lastimosamente, pensaba que la vida de mi madre, dedicada al hogar y nosotras, sus hijas, era una vida desperdiciada y sin sentido…mi vida, me decía a mi misma, ¡seguro seria todo lo contrario!

Hubo alguna ocasión en que, pensando en que aprender a cocinar me seria útil una vez que no viviera con mis padres, me acerque a mi madre mientras cocinaba y le pedí que me enseñara alguna de sus recetas mas sencillas. ¡Qué fracaso! Entre mi torpeza y la renuencia de mi madre a ceder el control de su cocina, terminamos las dos frustradas y jurando que nunca más lo volveríamos a intentar.

Cuando cursaba la preparatoria, era una broma frecuente entre mis amigos mi completa inhabilidad domestica…lo único que me sentía capaz de preparar apto para consumo humano, era una simple ensalada de atún (ja ja ja). Algunas de mis amigas (y amigos) eran ya buenos cocineros. Mientras yo degustaba sus platillos, entre risas les aseguraba  que yo no necesitaría cocinar ya que contrataría los servicios de una cocinera…¡tan simple como eso!

En mis años de universitaria conocí a el amor de mi vida…y como nunca estuve en contra del matrimonio, respondí con un gran “¡SI!” cuando me pidió que fuera su esposa.

Uh oh! ¿Y ahora que? Los dos habíamos vivido hasta ese momento en casa de nuestros padres y no teníamos la menor idea de como manejar un hogar. Ninguno de los dos se ocupaba hasta ese entonces de ningún quehacer domestico (en efecto, los dos eramos mimados excesivamente).

A continuación, un recuento de mis años como mujer casada y trabajadora, y el evento que vino a voltear nuestro mundo de cabeza :).